Un doble fracaso

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Justo cuando parecía que Microsoft iba a recuperar gracias a Windows 7 parte de la credibilidad que perdió con el fiasco que supuso Windows Vista, este sistema operativo acaba de recibir una herida mortal que ha dinamitado sus posibilidades de recuperar el trono que todavía nadie ha logrado arrebatar a Windows XP. Sorprendentemente, este brutal ataque no ha venido, como podría esperarse, de Apple, Google ni Linux, sino que es la propia Microsoft la que ha optado por clavarse el puñal.

En cierta manera es comprensible, ya que en los últimos tiempos se había encontrado con tres grandes problemas que no pudo atajar a tiempo:

Superar el fracaso de Windows Vista
Ofrecer un sistema operativo válido para tabletas y móviles
Impedir el crecimiento de otros sistemas operativos

Evidentemente, el primer objetivo era el más importante ya que, mientras que los otros problemas limitaban su crecimiento, este problema ponía gravemente en peligro su propia existencia en el mercado.

La respuesta fue Windows 7 y, después de un largo período de desarrollo y pruebas, se consiguió un producto aceptablemente fiable y robusto, aunque tal vez sobrevalorado si el análisis profundiza más allá de superar las deficiencias de Windows Vista.

Sin embargo, tal vez precisamente por lo prolongado del desarrollo, se desatendieron las otras cuestiones. Windows 7 no solo era sencillamente imposible de adaptar a dispositivos de creciente popularidad, como las tabletas, sino que además su versión para móviles, Windows Phone 7, obtuvo unas pésimas críticas y unos resultados comerciales desastrosos.

La solución obvia hubiera sido limar estas asperezas, tal vez mediante una actualización importante, como las que recibió Windows XP, que no logró el éxito masivo hasta que el Service Pack 2 corrigió los problemas que tenía en un principio.

No obstante, alguien debió de pensar que el éxito del nuevo sistema operativo frenaría en parte los ingresos al prolongar el tiempo durante el que los usuarios no necesitarían comprar un nuevo sistema operativo, por lo que se decidió solucionar los problemas con un nuevo producto y ahí, probablemente, comenzó la catástrofe.

Windows 8 se lanzó apenas tres años después del Windows 7, en un momento de desaceleración económica en el que ningún gasto es bienvenido. Si a esto le sumamos un cambio de interfaz, que puede calificarse como mínimo de polémico, junto con una presencia irrelevante en el terreno de los móviles, obtenemos la receta perfecta para el fracaso. Por si fuera poco, Microsoft se ha atrevido a centrarse en el segmento alto del sector, con unos elevados requisitos de hardware y precio, cuando en este sector la competencia con los objetos de deseo de Apple es especialmente feroz. Por si fuera poco, el sistema UEFI con el que pretendía deshacerse e la competencia también se ve en grave peligro.

Normalmente, Windows 8 no pasaría de ser un fracaso más que cualquier empresa aceptaría. El problema, y este es su doble fracaso, es que este desastre está arrastrando consigo a Windows 7. Lo que era la gran esperanza de Microsoft se ha convertido ya en un producto obsoleto.

Ante la duda de qué sistema operativo comprar, tal vez ahora muchos usuarios opten por no comprar ninguno. Antes quizá Windows 7 fuera la elección obvia a la que cambiar después de Windows XP, pero ahora ya no está tan claro. ¿Qué es mejor?, ¿comprar el 7?, ¿comprar el 8?, ¿o sencillamente quedarse con XP y esperar a que salga el 9, el 10 o el 11? Cuanto más espere el usuario menos tendrá que pagar y a menos sistemas operativos tendrá que acostumbrarse.

La reacción actual de Redmond ante estos funestos pronósticos y que se repite hasta la saciedad en todas las notas de prensa que se distribuyen desde allí es que «todavía es pronto para sacar conclusiones y hay que esperar a ver la evolución de este sistema operativo».

Tal vez fuera así durante los primeros meses, en los que una feroz campaña de actualizaciones consiguió inflar engañosamente las cifras de venta de Windows 8 y presentarlo como un vencedor nato. Una vez desaparecido este breve espejismo, resulta evidente que Microsoft solo le ofrece dos opciones al usuario: Windows 8, un sistema que no gusta, y Windows 7, un sistema en el que no puede confiar: un fracaso y otro fracaso.

La raíz de este problema, sin embargo, no son las equivocaciones en las estrategias de mercadotecnia y comercialización, ni la propia empresa en concreto. Lo que hace Microsoft probablemente lo haría Apple sin tuviera su cuota de mercado y quizá, también, Google, Sony, Zara o Mercadona si se dedicaran a este tipo de productos.

El problema, más bien, reside en el conflicto entre la necesidad de estabilidad por parte del mercado y la necesidad de ingresos por parte la empresa.

Un sistema operativo no es un programa de software más que nos permita jugar, leer documentos o enviar mensajes por correo electrónico, sino que es la base en la que se apoya absolutamente todo y, por tanto, su destino no puede ser dirigido por una única empresa, ya que inevitablemente acabarán apareciendo los problemas de los que Windows 8 es solo un ejemplo más.

Tal como en los ochenta acabó triunfando un único formato de cinta de vídeo o más recientemente los diferentes sistemas de alta definición fueron incapaces de coexistir y el mercado rápidamente eligió a un vencedor, por sus características y funciones es inevitable que el sistema operativo, por su importancia vital en todos los campos, sea desarrollado por el sector en su conjunto, con el riguroso escrutinio de organizaciones oficiales.

Nadie puede saber quién será el vencedor final, tal vez una improbable versión abierta de Windows, un sistema revolucionario de Apple que funcione en todos los ordenadores o, más probablemente, Android, Tizen, Debian, Redhat o Ubuntu. En cierta manera, resulta fascinante ver cómo las piezas que formarán el futuro van encajando poco a poco en su sitio y espero que dentro de veinte años, cuando los hijos de mis sobrinos sean pequeños y les cuente que antes de que nacieran no todo el mundo tenía el mismo sistema operativo en su ordenador, me mirarán con la misma cara que veo ahora cada vez que digo que cuando era pequeño mi ZX Spectrum solo tenía ocho colores: negro, azul, rojo, morado, verde, azul claro, amarillo y blanco.

Comentarios

Imagen de artiza

Estoy de acuerdo con el espíritu del artículo... pero no con las afirmaciones. Me pasé al reverso tenebroso pero sin abandonar del todo MS. Evidentemente, sigo usando MS por pura conveniencia, y en ocasiones por obligación. Creo que con windows se comete la misma injusticia que con muchas distribuciones GNU/Linux: confundir el sistema operativo con el escritorio. Windows 8, en mi opinión, es muy bueno como sistema operativo pero no han acertado con el escritorio. Windows 7 no dejaba de ser Vista con un escritorio ligerito y otras reducciones convenientes (ver 6.1). ¿Es injusto achacar el fracaso a los fabricantes, como hace Ballmer? En realidad, está echándole la culpa a los usarios que no «aceptan» la novedad de la interface y no corren a buscar hardware apropiado para «disfrutar» de las «ventajas» del 8.

¿Llegará el día en que MS también permita que se incorpore cualquier escritorio a su SO? Creo que sería el mayor acierto de MS. Pero implica cambiar de filosofía... y no creo que haya muchas probabilidades de que suceda.

[Mode off-topic on: Por cierto, el 8 se parece horrores al logo de Fedora. Mode off-topic off]

Imagen de .doc

aún más breve: exacto. ¿El futuro...? ni el Windows, en su huida hacia adelante, ni el Apple 'elitista' actuales. Ni Ubuntu. Creo que los tiros irán por un Gnu/Linux 'friendly' y sencillo, posiblemente basado en Arch. Con el entorno gráfico 'separado' del núcleo del sistema. Y, por supuesto, 'rolling release'.

Imagen de bean

en el universo que me interesa, parece que todo tiende más hacia los Mint, con Cinnamon o Mate - puesto que XFCE se nos va en ellos, y especialmente si LMDE es semi rolling con la interacción con Debian.

Pero, no desechemos a priori nuestra distro predilecta, si se anuncia como posible rolling release

( http://www.webupd8.org/2013/02/official-ubuntu-rolling-release-proposal....).

Y, su pronta poderosa presencia en la guerra de los smartphones,

( http://www.networkworld.es/Canonical-llevara-Ubuntu-a-los-smartphones/se... ).

De este modo, si bien el futuro es incierto, en el mundo Linux siempre se divisa en el horizonte, con alzas y bajas, Ubuntu.
Acabo de observar en el medidor de Distrowatch, a Mint subiendo y Ubuntu bajando, pero esto es estacional y no comprende todos sus sabores, que sumándose, le llevan al summit.

(http://distrowatch.com/index.php?language=ES).

Saludos.