Obligaciones, pero también derechos: una nueva biblioteca digital universal

+1
+1
-1

Con la irrupción de las nuevas tecnologías, se han impuesto de manera prácticamente automática nuevas obligaciones y restricciones a los usuarios, que han visto como su capacidad de disfrutar o transmitir los contenidos digitales sujetos a derechos de autor se ha visto seriamente limitada, al menos de manera legal. Si bien parece totalmente improbable que dichas obligaciones desaparezcan en el futuro y todo parece indicar que, más bien, aumentarán las medidas legales aplicadas para hacer que dichas normativas se cumplan, cabe preguntarse ¿no deberían disfrutar también los usuarios como contrapartida de nuevos derechos que ahora son posibles gracias a estas nuevas tecnologías que han revolucionado el mundo de la información?

Recientemente, muchos discos de películas incluían un pequeño anuncio sobre una organización dedicada a la restauración de películas antiguas. Como dato anecdótico, comentaban que la mitad de las películas anteriores a 1940 han desaparecido completamente y ya no es posible recuperarlas. Aunque probablemente nadie eche de menos muchas de estas películas desaparecidas, también entristece pensar en todos los grandes momentos del cine que se habrán perdido. El celo que suele demostrar la industria cinematográfica a la hora de hacer valer sus derechos no parece aplicarse a la conservación de su patrimonio. Por si alguien piensa que esto solo ocurre con las películas menores, basta con recordar a los comentarios Terenci Moix, que lamentaba que la versión integra de Cleopatra (la película más cara de la historia del cine, si no fuera por la inflación) estuvo a punto de desaparecer completamente y sólo quedaban copias abreviadas. Si la sociedad reconoce que estas películas, como obras de arte que son, merecen ser protegidas mediante derechos de autor, también hay que pensar que los propietarios de dichas obras tengan responsabilidades acerca de ellas. Algo similar ocurre con las obras descatalogadas y, a pesar de que Internet ha hecho posible que encontremos de segunda mano prácticamente cualquier libro, vinilo o cinta que podamos imaginar, resulta realmente lamentable que haya obras musicales o literarias que hayan corrido la misma suerte que todas esas películas desaparecidas.

La tecnología digital ofrece ahora una manera excelente no sólo de almacenar todo ese arte y conocimiento a un costo increíblemente reducido sino también de garantizar su difusión y que cualquier usuario de cualquier punto del planeta pueda acceder a ellos. En principio, la opción más lógica sería que las mismas empresas que comercializan dichos contenidos se encarguen de su conservación. No obstante, este sistema plantea varios inconvenientes: la empresa probablemente sólo se encargaría de esta conservación mientras estuvieran vigentes los derechos de autor y, además, en caso de que dicha empresa sufriese algún tropiezo económico, se correría un grave peligro de que dichos contenidos se perdiesen irremisiblemente. Por tanto, ahora puede ser un buen momento para la creación de una biblioteca universal digital, que se encargase de recopilar todas estas obras y garantizar su conservación. Aunque dicha biblioteca debería estar gestionada por alguna entidad no relacionada directamente con las empresas productoras de contenidos, aunque contase naturalmente con su participación, tal vez debería estar financiada por ellas, ya que de la misma manera que los usuarios actualmente se ven obligados a pagar un canon por sus derechos respecto a la posesión de una copia de seguridad, también dichas productoras de contenidos deberían abonar ciertas tarifas que permitiesen el funcionamiento de esta entidad. En caso de que una empresa no deseara, por cualquier motivo, seguir explotando comercialmente ciertas obras, debería darse la posibilidad de renunciar a los derechos de autor sobre ellas, con lo que tales obras podrían pasar a estar disposición del mundo entero de manera libre, tal como ocurriría igualmente cuando finalizase el plazo correspondiente a tales derechos.

Además de garantizar la conservación de las obras, también existen otros derechos que cobran un nuevo sentido en la nueva situación. Hasta hace unos cuantos años, la posesión de una obra se basaba en la propiedad física de un ejemplar de dicha obra, ya fuese en formato de disco, cinta, libro o cualquier otro. Ahora que se intenta vender una obra sin ofrecer ningún otro soporte físico más allá del espacio ocupado en el disco duro, tal vez sea establecer otro tipo de relación. Según el nivel actual de la tecnología, parece difícilmente exigible que el usuario se vea obligado a reponer su copia en caso de que la extravíe por cualquier motivo, es decir, debería proporcionarle una copia de manera totalmente gratuita. Igualmente, debería ser posible heredar o vender dichas obras en unas condiciones justas. También la actualización de las obras a nuevos formatos, como la migración de las películas actuales de cinta a DVD o BluRay, no tiene sentido si no se entiende la propiedad de manera física sino digital. Por ejemplo, imaginemos que un usuario se dedica a restaurar su película favorita y logra un resultado fantástico haciéndolo, con total seguridad ningún tribunal del mundo le permitiría venderla como obra (nueva) suya, ¿entonces por qué un usuario debería verse obligado a adquirir una versión restaurada si ya posee la original?

Actualmente estamos viviendo una época con una doble moral en lo que se refiere a los derechos sobre la propiedad intelectual en la que se imponen a los usuarios unas condiciones irracionales que los usuarios incumplen sistemáticamente. Adaptar las normativas a los nuevos tiempos y crear un clima en el que se fomente la cultura y la creación de nuevas obras de arte no perjudicaría a nadie. Tal vez haya llegado el momento de dejar de dar vueltas a las obligaciones y considerar los nuevos derechos que se merecen los usuarios, porque probablemente allí se escondan las oportunidades y el renacimiento comercial que tanto ansían las cinematográficas, las discográficas y las editoriales.

Comentarios

Imagen de x00

Un gran punto este.
Gracias por compartirlo este enriquecedor comentario, y que es cierto como usuarios se nos señalan mas nuestras obligaciones y se deja de la do nuestros derechos no solo como usuarios, si no, también como consumidores de contenido.