Los hijos indómitos del software libre (y Gnome)

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Érase una apacible tarde de verano en el parque de la ciudad. Como es habitual a esas horas, muchos padres aprovechan para llevar a sus hijos a la zona de juegos y sacarlos así de la agobiante rutina a la que se ven sometidos en el interior de los pisos modernos, muy sobresalientes en cuestiones de diseño pero cada vez más apretados y estrechos.

Como de costumbre, las primeras en llegar son las denominadas familias windows, regidas todas ellas por una especie de disciplina anodina y marcial. Resulta muy fácil reconocerles. Vienen con ese aspecto de misa de los domingos, bien peinaditos —padres e hijos—, ropa hiperplanchada, juguetes nuevos y carísimos y ese irritante comportamiento propio de las manadas, falto de espontaneidad, terriblemente severo y aburrido.

Los papás y mamás windows se sientan todos juntitos y de forma homogénea en los bancos que rodean la zona de juegos; piden permiso cada vez que van a hablar, cada vez que se van a levantar o sentar, y hasta cuando van a sonreír, en las raras ocasiones en que lo hacen, y siempre con gestos exageradamente contenidos y artificiales.

Y qué decir de los niños windows: extremadamente previsibles, extremadamente ordenados, extremadamente faltos de esa frescura propia de la niñez: tristes, apagados, apáticos. Los ves haciendo cola en silencio, como zombis, para tirarse del tobogán o acceder a los columpios. Incluso cuando corren lo hacen con los miembros rígidos, como si no estuvieran acostumbrados a moverse en libertad. Los que andan en bicicleta o en monopatín van forrados hasta las cejas con un casco enorme, con gruesas protecciones cubriéndoles el cuerpo y sus papás todo el rato corriendo tras ellos por miedo a que se caigan y se hagan daño. Uno los mira y no puede evitar pensar que son gente “rara”.

Pero he aquí que, sin que nadie lo hubiera previsto, porque esta gente más bien se mueve a su aire, irrumpe en la zona de juegos del parque una bulliciosa pandilla de familias. Se adentran despreocupadas, conversando animadamente entre sí, absolutamente informales y gobernadas al parecer por un monumental caos; es evidente que les importa todo un pito. Son las inconfundibles familias software libre. Son pocas en comparación con las familias windows y suelen vivir en el extrarradio de la ciudad, casi siempre en casas modestas pero muy bien adaptadas a sus necesidades y a la de los niños. Se nota enseguida que están acostumbradas a hacer lo que les da la real gana; eso, por alguna extraña razón, las hace parecer peligrosas a ojos de las familias windows. A muchos de sus papás y mamás se les escucha previniendo a los hijos: “no te juntes a esas bestias de niños”.

Pero si los adultos software libre son desconcertantes, esperen a conocer sus retoños: curiosos hasta la insensatez, irreverentes, temerarios, intranquilos, entrometidos... en definitiva, medio salvajes, unos diablillos de campeonato. No se contentan con seguir las “reglas”, los ves columpiándose boca abajo, revolcándose en el suelo, tirándose de los toboganes de cabeza, subiendo y bajando de las atracciones por sitios que no corresponden, gritando y armando alborozo por doquier... La zona de juegos enseguida se les queda pequeña y muchos se ponen a jugar con la tierra de los parterres circundantes, a trepar en los árboles (¡y hasta alturas inconcebibles!), a corretear por otras zonas del parque. Necesitan experimentarlo todo, desmontarlo todo, estrujarlo todo, sentir cada cosa por sí mismos, explorar minuciosamente el mundo que les rodea; disfrutan al máximo de su libertad y de un afán infinito por aprender cosas nuevas, pese que eso a veces les supone caerse al suelo o pegarse un que otro cabezazo (se les reconoce también por la cantidad de chichones que suelen tener repartidos por la crisma).

A decir verdad, los niños software libre están acostumbrados a otro tipo de parques, con atracciones cuyo flexible diseño permite ser adaptadas a los gustos particulares de cada uno y ser usadas de mil formas distintas; estos niños no se conforman con poca cosa precisamente. Pero hace poco tiempo unos ingenieros, llamados gnome, les han diseñado unas atracciones basadas en un concepto novedoso y han sustituido una parte de las antiguas. Los niños software libre, como corresponde a su algo alocada naturaleza, se han tirado en tromba a probarlas. A muchos cuyas costumbres de juego se adaptan a la perfección al nuevo concepto, les ha encantado. Otros nunca las habían usado, pero algunos han cambiado el modo que tenían de relacionarse con las atracciones, asimilando el nuevo concepto de juego, y han aprendido a divertirse con ellas. Sin embargo hay un grupito, no necesariamente pequeño, de niños software libre a los que el nuevo concepto no les ha hecho demasiada gracia. Hasta ahí nada raro. Porque cuando ese tipo de cosas sucede lo normal es que adapten las atracciones a sus gustos, como han hecho siempre, y ya está. Pero es que se han encontrado con la sorpresa de que éstas son muy poco adaptables; la recomendación de los ingenieros gnome es que estos niños deben emprender un esfuerzo por “reeducarse”, como han hecho muchos otros. O eso o sencillamente se buscan otras atracciones, incluso fabricadas por ellos mismos (es sorprendente de lo que son capaces estos niños, ¡cualquiera se queda a solas con ellos en una habitación!). Todo ello, dicen los ingenieros gnome, hasta que en el futuro se vayan implementando opciones de personalización que satisfagan cada vez a un mayor número de usuarios.

Sin embargo algunos niños software libre “disidentes”, muy poco acostumbrados a las imposiciones (¡y a tener que esperar!) y muy dados a hacer lo que les nace, se atreven con todo y ya se han puesto a “remozar” por su cuenta las atracciones gnome y a añadirles las opciones que ellos consideran debieron poseer desde el principio, y eso a pesar de disponer una amplia gama de atracciones software libre que podrían ajustarse muy bien a lo que buscan. Imagínense, pues, si son soberanamente cabezones... A pesar de todo, no son pocos los niños software libre que se han pasado de forma más o menos definitiva a atracciones basadas en los conceptos más tradicionales, es decir, con características más flexibles. Lo cual ha dejado en entredicho el trabajo y la apuesta de los ingenieros gnome, dando la impresión de haber actuado como si no conocieran de largo a estos niños traviesos.

Para ser justos, hay que concederles una cosa: ¡a veces dan ganas de matarlos!

Comentarios

Imagen de Kakkin

No entiendo la finalidad o bien la intensión exacta del relato/comparación, pero eso sí, fue muy divertida y original, me gusta. En fin, no uso gnome, aunque lo usé en el medio año que estuvo ubuntu 11.10, ahora uso unity, para gustos hay mucho. Un saludo desde Costa Rica.

Usuario Ubuntu # 34369

Mi pagina www.triang.es.tl

Imagen de ivisdrek

La tesis que defiendo en el relato es clara: Gnome no puede pretender atar corto y llenar de limitaciones a buena parte de unos pilluelos como nosotros, acostumbrados como estamos a la libertad y flexibilidad del software libre. Ese tipo de cosas puede que funcione con gente habituada a consentir lo que le echen, como sucede casi siempre con las "familias" windows.

Y todo ello dando por sentado que Gnome 3 y su shell son buenos productos. Nadie lo duda. Pero esa no es la cuestión. Sino... la libertad.

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https://eljardindelexilio.wordpress.com/

Imagen de gledof

Muy bueno ivisdrek, me gusto la forma en que describes los desacertados cambios por parte de la gente de Gnome.

Saludos.----

Imagen de dony1990

Gnome tampoco es que haya hecho las cosas demasiado bien, el cambio brusco que fue pasar de gnome 2 a gnome shell ha sido lo que terminó autodestruyendo el proyecto gnome.
Fue pasar de un escritorio muy simple e intuitivo a una maquina mortal de pillar los dedos. Pese a las cosas nuevas que trajo el Shell, perdió esa simplicidad que hacia de gnome uno de los mejores escritorios para quedar relegado a ser tan solo la fuente de muchos escritorios personalizados.

Lo digo porque tras mucho pelearme con los entornos de escritorios al final he dado con el mejor linux hasta el momento que es Linux Mint Maya (mate), básicamente es ubuntu 12.04 con gnome 2 de base y 10.000 veces mejorado con Mate.
Simple, sencillo y eficaz!!
Creo que Ni unity, ni Shell pueden darse el lujo de usar esos adjetivos. Esa simplicidad que poseía ubuntu en sus distribuciones anteriores las perdió con unity. Y aunque ahora sea un adepto mas de Mint, sigo esperando correcciones por parte de ubuntu, o mejoras, espero ver que nos deparará la versión 12.10

Imagen de ivisdrek

Siguiendo con el símil del relato, si tú crías unos hijos en los valores supremos de la libertad, enseñándoles a ser críticos y flexibles y a no aceptar nada porque sí pero resulta que de buenas a primeras empiezas a imponerles un modo de hacer las cosas sin proporcionarles alternativas, está claro que muchos de estos hijos acabarán marchándose de casa.

En cuanto a Unity, no quiero iniciar aquí una nueva polémica. Ya se ha hablado demasiado de ese tema y levantado demasiadas ampollas. Pero a su respecto casi cabe decir lo mismo.

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Imagen de nagios

Comprendo el símil, bien traído. Pero lo que no hablas lo jovencitos que son los niños libres, bien, que son libres, es verdad. Pero de muy corta edad, así no llegan a ningún sitio, enseguida nace otro superior, así tampoco se va a ningún sitio. ¿Cuánto duran? seis meses, poco tiempo para poder trabajar en la versión, que ya hay otra y si es nuevísima como el Unity o el Shell, ya para qué quiero decir más, cuando lo terminas de configurar bien, ya hay otro nuevo.
Pero también hay otra cuestión que es algo que aborrecíamos de guindos, las actualizaciones. ¡Madre mía la cantidad de actualizaciones en las versiones, cada corto tiempo, qué si el kernel, que si tal programa, que si tal otro, así hasta hartarnos!.

Imagen de ivisdrek

Bueno, está claro que el símil no es perfecto.
Coincido contigo en que los ciclos de desarrollo de muchos proyectos de software libre son muy cortos.
A mi me gustaría, por ejemplo, que el ciclo de desarrollo de las LTS de Ubuntu fuera más largo. Por desgracia, al menos en algunos aspectos, el software libre a veces parece guardar más un carácter experimental que otra cosa.

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