La competencia de las suites de oficina

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Al inicio de la era de la computación personal, el factor determinante para su aceptación fue la aparición de 3 tipos de programas, que convirtieron en “algo útil” a una PC, a saber: La hoja de cálculo, el procesador de texto y el gestor de base de datos.

La hoja de cálculo y el procesador de texto no tenían un antecedente directo en las computadoras de la generación anterior, y los gestores de bases de datos (como cualquier otro programa de entonces) solamente eran usados por especialistas altamente calificados.

Lotus y su mítico 123, WordStar y dBase III constituyeron las patas del trípode donde se asentó finalmente la PC en los centros de trabajo de todo el mundo. Pero así tan bien afianzados cometieron todos ellos el gran error de no saberse adaptar a los grandes avances que se dieron en la tecnología.

Mas allá de las prácticas monopólicas de M$, hay que reconocer que cuando se decidió a entrar en el mercado de las aplicaciones de oficina lo hizo con excelentes productos (para su época) y comenzó por crear el concepto de “suite de oficina” que en realidad significó dos cosas: interfaz similar para todas las aplicaciones y una reducción en precio al venderlas en conjunto.

Ninguno de sus entonces extremadamente fuertes competidores pudo poner en el mercado nada equiparable en un tiempo razonable. Si bien hubo algunos intentos serios, fueron a destiempo, hechos por empresas con finanzas mermadas y enfrentadas a un M$ despiadado, que ahora además obligaba a los fabricantes de PC a incluir el Office en sus productos, so pena de no poder vender PC's con el sistema operativo de M$ (para entonces ya las primeras versiones de W$).

Aún mas adelante apareció la primera suite gratuita: El StarOffice de Star Division, que posteriormente al ser adquirida por Sun dio origen a la primera suite de código abierto: el OpenOffice.

Por aquellos días hay que reconocerlo, usar cualquiera de ambas era una verdadera tortura, pesadas, inestables y confusas, no representaban ningún riesgo para el gigante de Redmont. Pero el software libre comenzó a dar frutos y poco a poco, a paso desmedidamente lento se creó un producto usable y estable.

También por aquella época comenzaron a aparecer las distribuciones GNU / Linux y el OpenOffice era y fue el candidato natural para ser la suite de oficina “oficial” en todas ellas. ¡Que desgracia! La principal motivación para la mejora desapareció, OpenOffice simplemente no tenía competencia; a pesar de todos sus defectos, ni la llamada suite Gnome (Abiword y Gnumeric) ni la Suite de KDE con sus ochorrocientas aplicaciones satisfacían las necesidades de la mayoría de los usuarios.

En este punto el destino dio un vuelco inesperado y hubo de aparecer el LibreOffice para desafanarse de la tutela de Oracle (nuevo propietario de Sun) y poco tiempo después el proyecto OpenOffice fue dejado en manos de la Fundación Apache, donde durante un tiempo considerable (en incubadora) pareció dormir el sueño de los justos.

Lucid Lynx fue la última versión de Ubuntu que incluyó al OpenOffice y ni siquiera ahí permaneció en los escritorios de la mayoría de los usuarios, que en cuanto apareció el LibreOffice quitamos el Open para instalar el Libre. Y hoy en día la gran mayoría de las distribuciones han reemplazado el OpenOffice.

Es mi opinión personal que el LibreOffice ha avanzado más en estos dos años que todo lo que logró el Open en su larga historia. Pocas veces aparece el temido mensaje que invita a recuperar un archivo (que por cierto la mayoría de las ocasiones no lo lograba) y solamente me ha llegado a pasar con algún archivo de formato propietario. Además le han dado una lavada de cara para hacer su interfaz más cómoda y agradable, nada espectacular pero si funcional.

LibreOffice ha avanzado tanto gracias al renovado espíritu de independencia que sienten los miembros de la Document Foundation, a las impresionantes donaciones que han recibido y a que se han mantenido atentos a las solicitudes y necesidades reales de los usuarios finales.

Otro muy importante factor en su nuevo impulso es el saber que el OpenOffice no murió; con retraso pero también inició su propio proceso de transformación, eso sí con mucho menos publicidad que el nuevo niño mimado de las distribuciones GNU / Linux.

Hoy estamos frente a dos fechas inminentes y muy importantes: Las liberaciones de las versiones 4.0 de ambas suites de oficina. Estas versiones representan en ambos casos el final del “código indeseable” (distinto en cada caso) y en consecuencia la primera versión (válgame la expresión) real de los nuevos mantenedores de cada uno de estos programas.

Yo confió en que algunas distribuciones regresen al Apache OpenOffice, en tanto que otras se mantengan en el LibreOffice; que la competencia entre ambas sea cada día más intensa y que como siempre en estos casos los usuarios seamos los beneficiados. Espero también que ambas se liberen de todo rastro de Java dentro de sus entrañas y que se conviertan en alternativas superiores a la omnipresente suite de M$.

Grandes tiempos se aproximan, me muero de ansia por ponerle la mano encima a ambas suites. ¿Tú le darás otra oportunidad al OpenOffice?

Comentarios

Imagen de Jose Luis 1320

tanto Open como Libre me has servido para mis propósitos de escuela y trabajo.

Lo único que no me gusta de Libre Office es que duele a los ojos al usarla en KDE.

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