Façade y las cuestiones espinosas de la vida

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A pesar del elevado número de juegos que se lanzan continuamente, la mayoría de ellos nos proponen ponernos en la piel del mismo tipo de personaje: el héroe, el antihéroe, que viene a ser igual que el héroe pero con un tenue barniz de realismo o, con mucha menos frecuencia, el antihéroe. Ciertamente, hay honrosas excepciones, como por ejemplo el sorprendente simulador de cabra, pero lo cierto es que, especialmente si nos centramos en las grandes producciones, el protagonista al que encarnamos no presenta apenas diferencias de un juego a otro.

No obstante, los videojuegos, además de su potencial de entretenimiento, ofrecen un enorme potencial creativo y son capaces de hacernos sentir emociones con una fuerza mucho mayor que otros medios artísticos. Por mucho miedo que hayamos sentido al leer una buena novela de terror o al contemplar una película de este tipo, los videojuegos con frecuencia son capaces de conseguir que nuestro corazón se acelere con mucha más eficacia.

Aunque la mayoría de los juegos tienden a proponernos muy similares, comienzan a despuntar algunos juegos que buscan otro tipo de sensaciones. En este sentido, Flower, donde somos el viento que arrastra los películas, o Rain, que nos pone en la piel de un padre que debe afrontar una difícil situación personal, son buenos ejemplos de lo que se puede alcanzar cuando se exploran otros senderos.

Otro juego, en esta ocasión gratuito además, que se atreve a aventurarse en otro tipo de historias es Façade, un juego que nos propone un papel radicalmente diferente: somos un invitado a una cena con un matrimonio en plena crisis de pareja. Ciertamente, el juego tiene serias limitaciones, como su pobre apartado gráfico y su duración, pero aún así, consigue que realmente nos sentamos ahí. Por instantes, realmente nos sentimos como si estuviéramos ahí, encerrados en un apartamento neoyorquino y preocupados por una asfixiante situación conyugal. Incluso podemos llegar a tener la sensación de que, dentro del estrecho recinto que nos propone, somos capaces de comportarnos de cualquier manera y decir cualquier cosa que se nos ocurra.

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Si un juego con unos medios tan reducidos es capaz de tal proeza, ¿qué no podría conseguir un juego con un presupuesto mayor? Más allá de héroes y batallas vividas ya miles de veces, podrías experimentar todo tipo de vivencias. Podríamos ser podríamos ser la víctima del maltrato y también el maltratador, podríamos ser el enfermo de una dolencia mortal y podríamos ser el médico que lo socorro, podríamos convertirnos incluso en lo que odiamos y lo que nos da miedo. Tal vez así, veríamos la vida de una manera un poco diferente y no nos resultara tan difícil empatizar con esos otros que son diferentes a nosotros. En un mundo tan necesitado de nuevas ideas como el de los videojuegos, donde secuelas, precuelas y remakes se han convertido en la norma, tal vez en lo diferente esté la clave para lograr el éxito y, en este sentido, el software libre, por estar menos sometido a las rígidas imposiciones económicas que atenazan a muchos estudios de software, tenga su mejor baza.