Los derechos de autor, opiniones de dos músicos profesionales

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Copio y pego esta carta publicada en el 20minutos:

E. LL. 02.12.2009

Lamento decirle señor director de este periódico que la presente carta no va dirigida a su persona sino a los músicos que el 1 de diciembre se reunieron en Madrid para protestar en contra de las descargas gratuitas y venta pirata de su música. Antes que nada deciros que también soy músico profesional aunque mi opinión difiere de la vuestra. Entiendo que los músicos más populares clameis por unos beneficios que se os han visto drásticamente recortados, igualmente entiendo que las discográficas también pongan el grito en el cielo por los mismos motivos. El tema es: ¿Son estos beneficios éticamente justos? Respuesta: no.

Las ganancias de los músicos deben generarse cuando toca ante una audiencia ¿Es justo que unos señores compongan y graben unos días un hit y que ese esfuerzo se vea recompensado con beneficios mutimillonarios que les permitan vivir durante años de dicha renta? ¿Sería justo que un carpintero, fruto de su conocimiento y profesionalidad, realizara un mueble y el resto de su vida cobrara derechos por ese mueble que construyó años atrás?

Las ganancias de los músicos deben generarse cuando toca ante una audiencia. El hecho de que la técnica permita grabar esa música no debería generarle al músico beneficio económico alguno. Si ya hemos cobrado de forma justa el concierto por el que obviamente nos esforzamos, no pretendamos volverlo a cobrar una y mil veces vendiendo una grabación que no nos pide esfuerzo alguno. (Este ejemplo va referido, claramente, a los discos en directo).

Creo que las descargas deben seguir siendo gratuitas y no penalizarlas. Cuantas más descargas se realicen de un músico, más popular va a ser, y este es el beneficio al que debieran circunscribirse las grabaciones futuras. Ir en contra de este punto es oponerse al desarrollo natural de las cosas y querer permanecer anclado en el pasado a base de restricciones, multas y castigos.

Pues yo también soy músico profesional, y suscribo lo que dice, pero hasta cierto punto. La música es un arte parejo a la literatura, y todos pagamos por libros que tenemos en casa, o los del colegio aunque sea y a todos nos parece normal, aunque se fotocopien a veces, resulta tan cutre e incómodo que no se hace tanto como se copia música porque la calidad es la misma que la del original. No se nos ocurriría decir que para que un escritor cobre tiene que leer sus libros a una audiencia. El caso es que ahora, con los libros electrónicos esto va a cambiar y también se van a empezar a piratear, pero... ¿de verdad vamos a leer todo en una pantalla, por buena que sea? El placer de pasar las páginas, ese sonido tan especial, el tacto del papel y las cubiertas, su olor, el cariño que se les coge cuando van enejeciendo,... eso es lo que hace comprar libros y no fotocopiarlos. Los libros tienen un valor añadido, y no son precisamente baratos.
Lo que quiero decir, y a lo que voy, es que las claves para que se sigan vendiendo discos son dos: que los músicos (no entiendo por qué a Ramoncín le gusta denominarse "artista", a no ser que sus legendarias artes culinarias en la especialidad de freiduría del pollo den para tanto) hagan música de calidad y que los discos o deuvedés o lo que sea ofrezcan un valor añadido que haga realmente que te apetezca comprarlos, o bien, que bajen de precio.
Que conste que soy músico clásico, me gano la vida tocando y creo, y sé, que en el directo está la piedra de toque de un músico, y los directos de todos y cada uno de los que estaban allí, me los paso por el... ninguno llega ni a la suela de los zapatos de cualquiera de nosotros. Para que os hagais una idea, un puesto de trabajo en una orquesta cásica profesional se consigue tocando cinco minutos en directo y o tocas perfecto, o te vas a la calle, estudiamos toda nuestra vida, desde los ocho años, más o menos, hasta que no podemos con las manos y tenemos un sueldo normal y corriente. Así, que no me vengan con chorradas de que la música se va a acabar, que mi puesto de trabajo no corre peligro, siempre habrá gente que ame la música de Brahms, Beethoven, Mozart, The Strokes, The Beatles, U2, Ben Harper o Los Chunguitos, por poner unos ejemplos de buenos músicos, cada uno en lo suyo. Rosario Flores no creo que pase a la historia de la música universal, más que como hija de su madre.
También tengo que decir que tengo una discoteca enorme, pero no tengo la integral de las Sinfonías de Beethoven, mis sinfonías favoritas, porque me gustan varias versiones y cada una puede costar entre 80 y 150 euros; si fueran más baratas, las compraría.

Perdón por el rollo, pero es que estas cosas me cabrean.

Comentarios

Imagen de Goyo

Te he editado la entrada porque no se leía bien. Por favor, usa el botón code únicamente para escribir código (y sin poner líneas muy largas), para citar utiliza el botón de citar (el icono es de indentar).

Imagen de wnino

He aquí este otro hilo también muy interesante relacionado con este tema: Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet


Lee y cumple las Normas, Pregunta antes a San Google y si tienes éxito con tu problema: dí cómo lo hiciste, edita el título del post y pónle (solucionado)

Lee y cumple las Normas, Pregunta antes a San Google y si tienes éxito con tu problema: dí cómo lo hiciste, edita el título del post y pónle (solucionado).
Imagen de hipersayan_x

Aca hay una nota muy buena de Enrique Mateu que explica muy bien como funcionen las discográficas. En esencia los músicos ganarían mucha mas plata liberando sus trabajos de forma libre, y costaría mucho menos comprar un CD.

Imagen de marceluntu

Pues yo estoy 100% de acuerdo con el músico de la carta de 20 Minutos. Pero a lo mejor, un punto intermedio sería poner un tiempo limitado y justo para los derechos de autor, 2 o 3 años por ejemplo.

"Ni blanco, ni negro... pero tampoco gris."

"Ni blanco, ni negro... pero tampoco gris."

Imagen de txusti

Esta es la historia real de los músicos de verdad. Y no la de los vividores que con su bazofia pseudoartística están contaminando a nuestros jóvenes.

Queridos Rosario Flores, Tamara, Alejandro Sanz, David Demaría, Antonio Carmona, Chenoa, Ramoncín... y un largo etcétera de hipócritas autodenominados "músicos" vividores al amparo de la SGAE:
Lo que llamáis vosotros "piratería" y que se corresponde más bien a una especie de "contrabando de música", se da cuando una o varias personas se lucra personalmente, sin pagar derechos de autor ni impuestos, valiéndose del trabajo de otros.
Las personas que descargamos música de internet para escucharla en nuestro ordenador, en nuestro iPod o en nuestro coche no somos piratas, ni contrabandistas de nada. No nos lucramos con vuestro trabajo, aunque no paguemos la media de 18-21 euros que cuestan vuestros CDs de mierda con 10-13 canciones (salvo en recopilatorios). Lo que sí hacemos desde hace tiempo es pagar una de las conexiones de banda ancha más caras que hay en territorio occidental y el puñetero canon por cada CD virgen que compramos, lo usemos para grabar música o no.
Y ahora os voy a contar la vida de un músico de los de verdad:
"Érase una vez un chico llamado Pablo. El papá de Pablo era tenor profesional en un coro profesional, de modo que nació en un ambiente muy musical. A los cinco años empezó a estudiar solfeo con su padre. Como el papá de Pablo vio que tenía maña con el solfeo, lo matriculó en el Conservatorio Profesional de Música a los siete años. El instrumento que eligió Pablo fue el piano.
La carrera de piano, desde el grado elemental hasta la finalización del grado superior, dura una media de quince años.
Quince años de compaginar la educación primaria, y posteriormente la secundaria, con las clases en el conservatorio. Quince años de salir de un centro de estudios para meterse en otro. Quince años de terminar de hacer los deberes y estudiar para los exámenes a medianoche. Quince años de acostumbrarse a dormir seis horas. Quince años de tocar el piano de dos a tres horas cada día. Quince años de tener que renunciar a salidas a la discoteca, excursiones al campo o noches de parranda por tener el doble de responsabilidades que un chaval normal. Quince años de muchos fines de semana en casa preparándose las obras, estudiándose las partituras. Quince años de trabajo intenso, entrega, compromiso, dedicación y sacrificio.
Con todo eso, Pablo obtuvo el graduado superior de piano a los veintitrés años. Ya había estado dando recitales en escuelas, talleres de piano, casas culturales de pueblos de su región, etc. Los periódicos locales hablaban maravillas de su virtuosismo. Y comenzaron a pagarle por sus clases en los cursos de verano y por sus conciertos de música en auditorios un poco más importantes. Y reunió el dinero suficiente para irse al Real Conservatorio de la Haya durante un año a estudiar con los mejores. Porque en este desgraciado país es lo que tiene que hacer un músico de los de verdad si quiere dedicarse a la música de la de verdad: salir fuera a buscar a los mejores.
Volvió a los veintiocho años, después de un año yendo de masterclass en masterclass. Y gracias a su tesón y su talento, obtuvo contratos para actuar por Europa. Tardó otro año más en comenzar a dar conciertos en las grandes salas de música de Alemania, Francia, Italia... Y a los treinta años actuó por primera vez en Estados Unidos y Canadá.
Su esfuerzo constante, su trabajo diario, su formación, su entrega, su amor por la música, le llevó a ser uno de los más grandes. Y vivió de su piano durante toda su vida porque se tomó cada concierto de la misma manera que el primer recital que dio a los veinte años frente a su conservatorio."
Los Pablos que hay por el mundo, y son muchos, se indignan cuando salís vosotros, musicuchos de pacotilla, reclamando dinero por la música como algo vuestro. Los Pablos no se manifiestan con pancartas si no para reclamar fondos para sus conservatorios, becas para sus estudios, para que no sea necesario abandonar su país, su familia y amigos para poder granjearse un futuro profesional digno. Los Pablos que terminan viviendo de la música les importa un carajo si el CD en el que grabaron el Concierto nº 1 de Tchaikovsky cuesta en las tiendas un 50% menos de lo que vale la última mierda de El Canto del Loco.
Porque esos Pablos no viven de las ventas de los discos en donde graban las grandes obras de la historia de la música, de la música de la de verdad. Esos Pablos viven de los conciertos con que deleitan a los aficionados que pagan una entrada para sentirlos en directo.
No como vosotros, panda de necios. Menos quejarse y más currarse los directos. Mirad como no está entre vosotros Manolo García. Ni Fito. Ni los que en verdad se toman la música en serio.
Que os den a todos, MAMONES.

No lo he escrito yo, pero podría haberlo hecho.